Roza la gota de agua cada poro de la sensible tez, baña como siempre esa sal desalmada el borde de sus labios, y se pierde entre las mil salivas que aguardan en su lengua. Se anuda el centro de su cuerpo como pidiendo auxilio a cosas que no podrán dárselo por más que quieran, y otra vez cae en un despiadado temblor, en las fauces del delirio profundo que construye su tristeza.
~ El calor no está hecho para quienes no saben valorarlo...
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