lunes, 24 de junio de 2013

Parias.

Flashes de una mente atrofiada que no puede decir basta. Asusta creer que esto sea todo, que el resto de años de existencia guarden no más que esto. Es el insaciable deseo de algo distinto, algo que realmente llene.

Me zambullo en las fauces de ese ser que encierro entre toda esta carne, entre todos estos huesos, y  encuentro pura  incertidumbre; conciencia de la inconsciencia  que desespera.  Miles de utopías baratas se aferran a algunas neuronas, mientras otras tantas luchan por despegarlas.

El precio a pagar por hacer lo que realmente se quiere es en principio descubrir qué es eso. Más tarde, el sacrificio, ese que degenera, que agota, que envejece. Y ahí estamos simples mortales, en un viaje de ida tan corto como la distancia entre nuestros ojos, tratando de cumplir eso que nunca tenemos en claro qué es exactamente.


Descubrir en un lapso de lucidez que quizás el secreto es dejarlo ser me tranquilizaría si todos esos entes alienados que me rodean fuesen verdaderos humanos.

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