miércoles, 22 de abril de 2015

Hoy

Entre soledades erráticas descubrí que ya no quiero perder más nada… Perdí muchos atardeceres y dragones de nubes, perdí el placer de disfrutar el olor a pasto húmedo de rocío nocturno, perdí las ganas de vivir en éste puto mundo…
Ya me duele todo lo que pierdo. Lo que no te mata te hace más fuerte decían, y a mí me volvió una vulnerable muchachita de ojos tristes que llora cada segundo que se va, que solloza frente a cada suspiro lanzado al vacío de la congoja colectiva.
Necesito… qué necesito? Ya no sé ni lo que quiero… Detener el tiempo quizás, en esa sonrisa eterna que me genera tu presencia, tus besos, tus caricias, tus susurros…
Un día quizás sepa quién soy, para qué estoy acá. Me preocupa tanta abstracción en mis pensamientos, pero no puedo evitarlo, mi alma rebosa a mi razón por millas, la desborda y nada puede hacer ya.
Me molesta ser tan dependiente y triste, angustiarme todo el tiempo y esa susceptibilidad me enoja. Preferiría ser un poco más insensible, que las cosas no cobraran un rol tan trascendental, ni las cosas ni las personas, las putas personas… Yo y las personas somos cosas que no vamos de la mano, es impresionante la capacidad infinita que tengo de alejarlas, porque creo que no me hago entender mientras a ellas tampoco les interesa mucho hacerlo…
Hoy me desperté como casi todos los días que duermo sola, tarde; mientras el sol de mediodía asedia a toda la ciudad y a esas almas hacendosas, yo estuve revolcándome con la soledad de las sábanas. Hoy me desperté como casi todos los días, pretenciosa de quehaceres, ansiosa de pasiones, completamente desencajada con mi realidad. Hoy me desperté como cansada, como harta de todo y de todos. Hoy me desperté pero ya no sé para qué. Hoy.



No hay comentarios:

Publicar un comentario