Entre soledades erráticas descubrí
que ya no quiero perder más nada… Perdí muchos atardeceres y
dragones de nubes, perdí el placer de disfrutar el olor a pasto
húmedo de rocío nocturno, perdí las ganas de vivir en éste puto
mundo…
Ya me duele todo lo que pierdo. Lo que
no te mata te hace más fuerte decían, y a mí me volvió una
vulnerable muchachita de ojos tristes que llora cada segundo que se
va, que solloza frente a cada suspiro lanzado al vacío de la congoja
colectiva.
Necesito… qué necesito? Ya no sé ni
lo que quiero… Detener el tiempo quizás, en esa sonrisa eterna que
me genera tu presencia, tus besos, tus caricias, tus susurros…
Un día quizás sepa quién soy, para
qué estoy acá. Me preocupa tanta abstracción en mis pensamientos,
pero no puedo evitarlo, mi alma rebosa a mi razón por millas, la
desborda y nada puede hacer ya.
Me molesta ser tan dependiente y
triste, angustiarme todo el tiempo y esa susceptibilidad me enoja.
Preferiría ser un poco más insensible, que las cosas no cobraran un
rol tan trascendental, ni las cosas ni las personas, las putas
personas… Yo y las personas somos cosas que no vamos de la mano, es
impresionante la capacidad infinita que tengo de alejarlas, porque
creo que no me hago entender mientras a ellas tampoco les interesa
mucho hacerlo…
Hoy me desperté como casi todos los
días que duermo sola, tarde; mientras el sol de mediodía asedia a
toda la ciudad y a esas almas hacendosas, yo estuve revolcándome con
la soledad de las sábanas. Hoy me desperté como casi todos los
días, pretenciosa de quehaceres, ansiosa de pasiones, completamente
desencajada con mi realidad. Hoy me desperté como cansada, como
harta de todo y de todos. Hoy me desperté pero ya no sé para qué.
Hoy.
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